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  • Eric Méndez

Rodillo ¿Truco o trato?

Una reflexión sobre la especificidad del entrenamiento


Mientras escribo esta entrada estamos en una situación de confinamiento excepcional. Los rodillos arden para salvar a los bikers del aburrimiento y la perdida de forma. Pero entrenar con rodillo tiene sus luces y sus sombras, ahora y en cualquier momento de la temporada.

TRUCo


Estos días es muy fácil ver mejoras, tests, gráficos... muestras de como somos capaces de mejorar nuestro rendimiento en pleno confinamiento. Esto sería del todo cierto si nos dedicásemos a competir en rodillo, pero lo que nos gusta es el MTB ¿verdad? Como apasionado, y un poco friki, de los datos y el entrenamiento, las sesiones en rodillo me parecen un laboratorio ideal. Podemos conseguir la curva de potencia perfecta, tocar hasta el más mínimo detalle para conseguir el gráfico perfecto.


Pero, por suerte, cuando competimos o simplemente disfrutamos del MTB no somos dos piernas que mueven unos pedales. Los vatios importan, pero hay mucho más detrás del rendimiento. El MTB es decidir la linea, de subida o de bajada, ajustar la posición en cada instante para que la rueda no patine y nuestra reserva de vatios ya no sirva de nada. Es usarlos al salir de una curva o dejar de pedalear para que la bici fluya. Es arriesgar cuando toca y asegurar otras veces.

El MTB es saber adaptarse constantemente a una situación que varía metro a metro, palmo a palmo. Y en movimiento, sobre todo en movimiento.

Creer que una sesión de rodillo, de carretera o incluso unas series con tu MTB en una pista forestal son suficientes para convertirte en un biker rápido, supone trabajar desde una visión mecanicista. ¿Y la técnica? Con suerte algunos la relegan a los ratos en que no estamos trabajando nuestro físico, muchos todavía creen que se mejora "sola", en los días que salimos a disfrutar. En todo caso se sigue entendiendo como un elemento aislado que debe trabajarse independientemente de la fuerza o la resistencia. Seguimos asumiendo que somos una máquina, con su motor, su unidad de control central, su carrocería… Y entrenamos según esa idea, parte por parte. Poner a punto el chasis en el gimnasio, elegir la mejor gasolina con un buen plan nutricional y un largo etc.


Para mí hay otra forma de entender las cosas. Me decanto por una visión sistémica del deporte. Una visión que acepta la integración e interacción de todos los factores que participan en nuestro deporte, aunque a veces todavía no puedan explicarse. Esta perspectiva tiene en cuenta los factores propios del deportista, como su fuerza, su resistencia o su carácter. Los propios de la modalidad: ¿con qué tipo de bici corremos? ¿cuánto duran las carreras? ¿estamos solos o debemos luchar por la posición con nuestros rivales?. Y los factores referentes al medio donde se desarrolla nuestra actividad: la dificultad de los trazados, su variabilidad, el desnivel, etc.



Integrar no es trabajar uno por uno estos aspectos, integrar es trabajarlos todos a la vez (sí, haciendo MTB). Y esto tiene su riesgo: pensar que entonces lo único que hay que hacer es salir a montar en bici. La clave es entrenar diseñando situaciones que incidan en lo que nos interese potenciar. Y por supuesto organizando todo ese proceso a lo largo de la temporada, adaptándolo a las necesidades de cada uno. En ese punto estamos ahora, encerrados, sin poder salir a la montaña y adaptándonos lo mejor posible a la situación ¿Hacemos un trato con el rodillo?


TRATO


El entrenamiento en rodillo tiene un inconveniente fundamental, si lo comparamos con hacer MTB (nosotros con nuestra bici, en la montaña): carece totalmente de especificidad.


Pero además de ser una herramienta para no aburrirnos también tiene una gran ventaja: nos aporta estabilidad en los estímulos. Sí, esos gráficos tan chulos de frecuencia cardiaca y potencia que nunca conseguiremos en un circuito de verdad. El rodillo nos permite controlar al milímetro las intensidades, los tiempos a esas intensidades y su distribución.





Rodillo vs Carrrea XCO. Regularidad vs Variabilidad


El rodillo es un buen método para desarrollar las aptitudes que nos resulta difícil (o no son prioritarias) en nuestros entrenamientos específicos. La controlabilidad que nos proporciona nos permite desarrollar, por ejemplo, vías metabólicas muy concretas con la menor inversión de tiempo posible. El tiempo es algo muy escaso, sobre todo para deportistas amateurs que no pueden dedicar todo el día a entrenar. En ese caso el uso del rodillo es una herramienta esencial, no solo ahora, durante todo el año.


Pero no podemos perder el foco. Es importante que no nos dejemos engañar por la perfección de los resultados. Eso nos haría creer que mejorar nuestra resistencia, nuestra velocidad o nuestra fuerza solo se puede conseguir con entrenamientos de laboratorio, controlando al máximo el resto de parámetros. Esa creencia nos lleva a pensar que el entrenamiento "de verdad", el que nos pone fuertes, hay que realizarlo en la carretera, en el rodillo o en terrenos en los que la dificultad no afecte a nuestro rendimiento. Pero rendir es producir la cantidad de energía adecuada a cada situación, ni más ni menos. Las características de nuestra modalidad determinan esas situaciones, y hay que asegurar que el trabajo se realiza desarrollándolas de forma integrada y con las mismas dificultades que encontraremos en la competición. Ahí el rodillo no nos puede ayudar.


El exceso de estabilidad puede ser nuestro mayor enemigo. Nuestro deporte es el MTB y se caracteriza por la variabilidad de las situaciones. Solo el entrenamiento específico nos enseña a adaptarnos a esa variabilidad. Conviértelo en la piedra angular de tu preparación. El resto solo son complementos.

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Nos vemos pronto en la montaña.

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